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Por qué todas las webs hechas con IA se parecen

· 7 min de lectura

Las páginas generadas con inteligencia artificial se parecen entre sí porque casi todas se construyen como una pila de seis secciones apiladas: portada, beneficios, testimonios, precios, preguntas y pie. Cuando en vez de eso se trata el scroll como una línea de tiempo —cada vuelta de rueda avanza una escena— la misma herramienta produce páginas distintas entre sí, porque la estructura deja de ser una plantilla y pasa a ser un guion.

Hay una cara de «esto lo hizo una inteligencia artificial» que se reconoce al instante y que no tiene que ver con la calidad del código. Tiene que ver con la forma.

El problema no es que salgan feas: es que salen iguales

Cuando le pides una página a un modelo, el resultado falla casi siempre en una de dos direcciones. O sale correcta y olvidable —esa que se te borra de la cabeza mientras la miras— o sale recargada de efectos que no significan nada. Detrás de las dos está la misma causa: la página se construye como una pila. Portada, tres beneficios, testimonios, precios, preguntas frecuentes y pie. Seis bloques apilados que podrían ir en cualquier orden porque ninguno depende del anterior. Esa pila es la plantilla mental por defecto. Y como es la misma para todos, el resultado es el mismo para todos.

Este sistema es el que enseño dentro de la comunidad MÁQUINA IA: las estaciones, los gates y el código que lo sostiene.

El cambio: el scroll como línea de tiempo

La alternativa es tratar el scroll como lo que es en realidad: tiempo. Bajas la rueda y la escena avanza. No pasas al bloque siguiente, avanzas en una historia. Ese cambio de marco es lo que hace que dos páginas construidas con la misma herramienta no se parezcan. Si la estructura es una pila, la herramienta rellena huecos. Si la estructura es un guion, la herramienta tiene que decidir qué pasa primero y qué después, y esa decisión depende de lo que tú vendes. De las tres páginas que salieron de aquí —una con un globo terráqueo, otra sobre café y otra de un estudio de jardines— ninguna comparte gramática visual con las otras. Y las tres salieron del mismo sitio.

Entrevistar antes de construir

La parte que más cambia el resultado no es la de construir: es la de antes. En lugar de aceptar el primer encargo y ponerse a generar, la herramienta entrevista durante un par de minutos. Qué vendes, a quién, qué quieres que sienta alguien que llega. Con eso decide la estructura, no con una plantilla. Es el mismo principio que hace bueno a un diseñador humano: nadie que sepa lo que hace empieza a maquetar antes de saber qué se cuenta.

La parte que de verdad sorprende: revisarse a sí misma

Lo que más me interesó no es cómo construye, sino lo que hace después de construir. Abre la página en un navegador de verdad y la mira. No revisa el código: revisa el resultado renderizado, que es donde aparecen los problemas que el código no delata —una animación que va tan rápido que no da tiempo a entender qué pasó, una sección que no aporta nada, un texto que se lee mal sobre su fondo. Ese bucle de revisar el resultado y corregir es exactamente lo que separa un borrador de algo publicable, y es la parte que casi ningún flujo automatizado incluye.

Dos pasadas, y ya

En la práctica, la diferencia entre una página que está bien y una que la gente recuerda son dos pasadas de correcciones concretas: ralentiza esta animación, borra esta sección entera, que este texto aparezca escribiéndose, y reescribe el contenido para que hable de lo que de verdad vendo. No hacen falta veinte iteraciones. Hacen falta dos, pero dichas con precisión.

Lo que se lleva de aquí

Si publicas páginas hechas con ayuda de un modelo, el cambio más barato que puedes hacer no es cambiar de herramienta: es cambiar la pregunta. En vez de «hazme una landing con estas secciones», describe qué debería pasar a medida que alguien baja. El dato honesto: esto no arregla el contenido. Una página con una gramática visual preciosa y un mensaje flojo sigue siendo una página floja. Lo que arregla es la parte que hace que todas se parezcan.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se parecen tanto las páginas web hechas con IA?
Porque casi todas se generan sobre la misma estructura por defecto: una pila de seis secciones —portada, beneficios, testimonios, precios, preguntas y pie— en la que ningún bloque depende del anterior. Al ser la misma plantilla mental para todo el mundo, el resultado converge aunque cambien los colores y el texto.
¿Qué significa tratar el scroll como una línea de tiempo?
Significa diseñar la página como una secuencia en la que cada vuelta de rueda avanza una escena, en lugar de saltar al siguiente bloque independiente. La estructura deja de ser una lista de secciones intercambiables y pasa a ser un guion con orden propio, que depende de lo que se quiere contar y por eso cambia de un proyecto a otro.
¿Sirve de algo que el modelo revise su propio trabajo?
Sí, siempre que revise el resultado renderizado y no sólo el código. Abrir la página en un navegador real destapa problemas que el código no delata: animaciones demasiado rápidas para entenderse, secciones que no aportan o texto poco legible sobre su fondo. Ese bucle de mirar y corregir es lo que separa un borrador de algo publicable.
¿Cuántas correcciones hacen falta para que quede bien?
En la práctica, dos pasadas de correcciones concretas suelen bastar: ajustar el ritmo de las animaciones, eliminar lo que no aporta y reescribir el texto para que hable del producto real. Lo que decide el resultado no es el número de iteraciones sino la precisión de cada instrucción.

Fuentes